La Tierra es un
planeta redondo
habitado por sus antónimos.
(del libro: "Blablases")
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LA NOCHE DE LAS PARÁBOLAS
Soñé que dormía y no soñaba.
Roto sobre mi lecho,
multiplicado el cuarto de infinitos espejos.
(Sus helióstatos giraban con locura
y los espejos danzaban reflejando el caucho
del tiempo).
En ninguno de ellos asomaba mi cara.
Por la ventana que no existía entró la noche
como un proyectil de piedra sobre el lino
de mi almohada que era la ubre roja en sangre
de todo mi pasado
A mi lado, en la cargada cama,
tú no estabas.
Sólo un gato enorme que parecía una pirámide
vigilaba mis pies,
los pies del otro que soñaba que dormía
y no soñaba.
Eran las tantas de la noche que te fuiste.
Llovía a cántaros el liviano vuelo de tus pasos
que alguien transitaba no se dónde.
Quise inventar un sueño contra el sueño
que no me liberaba,
un verte regresar, un ruido a llaves.
¡Qué pesadilla no soñarte!
El otro llamó al durmiente
desde la primera playa.
Con la arena de tu piel se cubrió el sueño.
Me hundí tanto en ese miedo
que por verte desperté.
Y entonces soñé la nada.
(del libro: La palabra, ese cristal)
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Esta es mi página, y es también la de todos vosotros, Quiero que este rinconcito en la red se convierta, poco a poco, sin distancias y sin conos de sombra, en un lugar de encuentros, de tertulias y de amistades.
Nunca serán virtuales las sensaciones, los sentimientos, las vocaciones. Nos munimos de esta tecnología para acercarnos, para conocernos, porque en el fondo de cada uno de nosotros, de cada ser humano, subyace la sed del otro, la necesidad del otro. Estamos en la red para llenarla de poesía.
Leer un poema. No importa cómo. Antes, el poema, tal vez, estaba en la rupestre figura de un bisonte que nos enviaba un mensaje de plástico lenguaje, después encontramos al poema en un papiro o en unas tablas reverenciadas, luego vinieron los papeles que los árboles nos ofrecían para expresarnos, y hoy, tus pupilas reflejan el poema que alguien te acerca en el monitor de tu ordenador. Ya ves, no importa cómo, no importa cuándo, no importa dónde. La poesía no ha muerto.
Si miramos un poema sólo vemos un manojo de palabras. Si leemos un poema, entonces, aquél manojo se convierte en algo superior que nos hace vibrar, que nos emociona, que nos aturde, que nos invita o desafía. Cuando leemos un poema nos sentimos mejor, más buenos, más nobles, en definitiva, más humanos. ¡Cuánto de lo más digno que tenemos se lo debemos a esa "pequeña cosa..!" El poema es un antídoto a la aridez de lo cotidiano que nos raspa y nos limita, el poema nos defiende del tedio, del acoso material y salvaje, nos regala ese momento tan nuestro, tan íntimo, en el que sólo existen el poema y cada uno de sus lectores.
Te invito a acompañarme en esta aventura digital y poética. Vamos a andar juntos. Nos une esta pasión y este orgullo.
Eduardo Mazo
“¿Qué es nuestra imaginación comparada con la de un niño que intenta hacer un ferrocarril con espárragos?”
Jules Renard (1864-1910); escritor y dramaturgo francés
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