¿Sabes para qué me sirve la imaginación?
Para sentir el agua del Ganges en mis manos;
para emocionarme
con la adolescente palidez de Alejandro;
para olfatear el sudor del azteca;
para saborear el gusto del primer crustáceo;
para oír los gritos de Juana en la hoguera;
para hacerme cargo del gesto incrédulo
de Jesús en la cruz, preguntándose
qué diablos estaba sucediendo
y porqué;
para volar con el alucinógeno
junto al brujo africano;
para leer el primer códice y la primera mentira;
para descubrir cómo trafican pueblos
los poderosos y los heresiarcas;
para ver morir a Margarita
como nadie ha muerto jamás por amor;
para llorar frente a un crepúsculo;
para volver a caminar el patio del corralón
junto a mi padre
charlando de la vida y de la ética
y de su adorada Siria;
para escrutar el sigilo del puma
a la vera de la pánica presa;
para mojar de colores los dedos
del hombre que pintó las cuevas de Altamira
mientras era observado entre burla y sobresalto;
para saber de la paciencia homérica
frente a tanta mancha
sobre el pergamino, derramada;
para oír el quejido del orgasmo
de la primera masturbación de Cleopatra;
para juzgar a Moisés, que asesinó
a quienes intentaron una alternativa al dogma;
para bailar con los dignos
mientras el Titanic se hunde;
para sentarme en el viejo pupitre;
para engañarme con tu regreso...
(del libro: "Anónimos")
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MI TIEMPO ES TU TRANSITO
Te quiero,
y te diré cómo te quiero,
cuánto deseo tu voz y tus costumbres,
te hablaré de la sed que me produce
el vuelo de tu falda
y el sexo que imagino,
te contaré de los poemas que te he escrito
donde tú eres el trigo y el verano
y el ánfora en la arena que se estalla,
donde pongo tu nombre sobre las alas de los ciclones
para que te busquen en lo inaccesible de la memoria,
te revelaré mis secretos en la noche,
tu invisible compañía en los espejos,
el sonido familiar de tu silencio.
Cuando sepa quién eres,
te diré todo eso.
(del libro: "Poemas en eclipse")
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Esta es mi página, y es también la de todos vosotros, Quiero que este rinconcito en la red se convierta, poco a poco, sin distancias y sin conos de sombra, en un lugar de encuentros, de tertulias y de amistades.
Nunca serán virtuales las sensaciones, los sentimientos, las vocaciones. Nos munimos de esta tecnología para acercarnos, para conocernos, porque en el fondo de cada uno de nosotros, de cada ser humano, subyace la sed del otro, la necesidad del otro. Estamos en la red para llenarla de poesía.
Leer un poema. No importa cómo. Antes, el poema, tal vez, estaba en la rupestre figura de un bisonte que nos enviaba un mensaje de plástico lenguaje, después encontramos al poema en un papiro o en unas tablas reverenciadas, luego vinieron los papeles que los árboles nos ofrecían para expresarnos, y hoy, tus pupilas reflejan el poema que alguien te acerca en el monitor de tu ordenador. Ya ves, no importa cómo, no importa cuándo, no importa dónde. La poesía no ha muerto.
Si miramos un poema sólo vemos un manojo de palabras. Si leemos un poema, entonces, aquél manojo se convierte en algo superior que nos hace vibrar, que nos emociona, que nos aturde, que nos invita o desafía. Cuando leemos un poema nos sentimos mejor, más buenos, más nobles, en definitiva, más humanos. ¡Cuánto de lo más digno que tenemos se lo debemos a esa "pequeña cosa..!" El poema es un antídoto a la aridez de lo cotidiano que nos raspa y nos limita, el poema nos defiende del tedio, del acoso material y salvaje, nos regala ese momento tan nuestro, tan íntimo, en el que sólo existen el poema y cada uno de sus lectores.
Te invito a acompañarme en esta aventura digital y poética. Vamos a andar juntos. Nos une esta pasión y este orgullo.
Eduardo Mazo
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