Cuando un bebe llora
a grito desaforado
a las tres de la mañana,
es el momento
de decidirse
por la vasectomía.
(O más.)
(del libro: "Anónimos")
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TERMINAL
Las cosas ya no vuelven:
el corralón, mi viejo,
el numen del "picado" callejero,
la piba de los quince,
aquellos versos...
Las cosas ya no vuelven:
mamá con su puchero,
Ricardo con sus rulos,
Alicia con sus nervios,
el empedrado patio
y un enero...
Las cosas ya no vuelven:
las citas clandestinas,
los compañeros muertos,
los primeros filósofos,
el "rancho" de la cárcel,
las dudas, los desiertos...
Las cosas ya no vuelven:
la mujer y los hijos
(los pequeños),
el trabajo imposible de los viernes,
el barrio desparejo,
el café, los amigos,
todo eso...
Las cosas ya no vuelven:
la lluvia de otros cielos,
el primer pasaporte,
la postal ilusoria,
las cartas nunca abiertas,
los regresos...
Las cosas ya no vuelven:
las doradas amantes
con sus dorados pechos
y sus dorados sexos,
los olivos de Siria,
los helados robados en verano,
-el castigo-
y mi pelo...
Las cosas ya no vuelven:
los viajes en tranvía,
más lentos que un avión,
más placenteros,
mi acidez y mi úlcera
perforada en un beso...
Las cosas ya no vuelven:
los libros boca abajo,
y tu foto desnuda,
los ceniceros sucios
como oscuros suicidas,
la ciudad que fue pura,
las ganas de llorar, mojadas, creo,
y la sangre pinchada en el amor
y el vértigo.
Las cosas ya no vuelven.
Queda solo un pedazo de utopía
forzando, parturienta, la memoria,
mientras por las calles de Amaurota
va la sombra de un hombre taciturno
hacia ninguna parte.
(del libro: "La palabra, ese cristal")
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Esta es mi página, y es también la de todos vosotros, Quiero que este rinconcito en la red se convierta, poco a poco, sin distancias y sin conos de sombra, en un lugar de encuentros, de tertulias y de amistades.
Nunca serán virtuales las sensaciones, los sentimientos, las vocaciones. Nos munimos de esta tecnología para acercarnos, para conocernos, porque en el fondo de cada uno de nosotros, de cada ser humano, subyace la sed del otro, la necesidad del otro. Estamos en la red para llenarla de poesía.
Leer un poema. No importa cómo. Antes, el poema, tal vez, estaba en la rupestre figura de un bisonte que nos enviaba un mensaje de plástico lenguaje, después encontramos al poema en un papiro o en unas tablas reverenciadas, luego vinieron los papeles que los árboles nos ofrecían para expresarnos, y hoy, tus pupilas reflejan el poema que alguien te acerca en el monitor de tu ordenador. Ya ves, no importa cómo, no importa cuándo, no importa dónde. La poesía no ha muerto.
Si miramos un poema sólo vemos un manojo de palabras. Si leemos un poema, entonces, aquél manojo se convierte en algo superior que nos hace vibrar, que nos emociona, que nos aturde, que nos invita o desafía. Cuando leemos un poema nos sentimos mejor, más buenos, más nobles, en definitiva, más humanos. ¡Cuánto de lo más digno que tenemos se lo debemos a esa "pequeña cosa..!" El poema es un antídoto a la aridez de lo cotidiano que nos raspa y nos limita, el poema nos defiende del tedio, del acoso material y salvaje, nos regala ese momento tan nuestro, tan íntimo, en el que sólo existen el poema y cada uno de sus lectores.
Te invito a acompañarme en esta aventura digital y poética. Vamos a andar juntos. Nos une esta pasión y este orgullo.
Eduardo Mazo

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