Barjot

 ATADO Y BIEN ATADO

BARJOT¿Dónde está la trampa?

No hay trampa. Esto se llama escapismo y se logra con un profundo autodominio del cuerpo y la mente.

¿Y lo del nombre: Barjot?

Mi nombre verdadero es Jorge de Barros y, como verás, Barjot es casi un acrónimo al revés. La “T” final es para fortalecer numerológicamente mi nombre.

Un fonema nemotécnico.

Así es.

Y todo esto, ¿de dónde te viene?

Yo soy uruguayo, nací en la ciudad de Rivera, fronteriza con Brasil y enfermé de asma muy niño. Un día llegó un maestro yoga que decían curaba enfermedades como la que yo padecía. Se llamaba José Ahirton Lema da Silva. Me curó y me fui a vivir con él durante muchos años.

Es decir que el asma y el yoga…

Todo surgió casi sin proponérmelo. Un día se me ocurrió lo de las cuerdas. Mi maestro me ataba y yo lograba desatarme. Así comenzó esto.

Y entonces…?

Entonces lo convertí en espectáculo. En la calle empecé en 1979 en Brasil, luego en Buenos Aires, donde me casé y tengo un hijo que se ufana de lo que hace su padre. Aunque, por supuesto, no todo fue fácil ni tan logrado como ahora. Imagínate que la primera cuerda que utilicé medía 50 metros y tardaba muchísimo en desatarme. La gente se cansaba, por supuesto, y se iba. Ahora tengo una cuerda de

¿Cómo te llevas con la leyenda Houdini?

Houdini fue el más grande de todos. Y la primera estrella súper star. Yo no sabía de Houdini cuando se me ocurrió lo de las cuerdas, pero creo que los que estamos en esta profesión sentimos lo mismo, incluso sin conocernos,. Además del escapismo hago otras cosas: me meto una cadena por la nariz y la saco por la boca, un destornillador, me trago una espada de 43 centímetros y lo he hecho con control radiológico y radioscópico frente a cirujanos. Para la prueba de la espada hay que dilatar el esófago y eso se logra con ejercicio. Tengo una espada como la del Cid.

Volvamos a las cuerdas, me mareo menos. Cuéntame las veces que fracasaste y no pudiste zafar.

Siempre me desaté.

¡Vamos, Barjot, que hay nudos!

Es cierto, hay nudos y atadores muy buenos. ¿Sabes por qué me llaman ““El Rey de las cuerdas””? Porque la vez que más tiempo tardé en desatarme fue en Brasil. Me ató un pescador. Estuve cuatro horas y medias hasta que lo logré. Entonces, cuando las cuerdas ya habían caído al suelo, el pescador me levantó sobre sus hombros y dijo que yo era el rey de las cuerdas. Desde ese día me presento así.

No hay dudas que te has ganado el nombre a pulso.

Después de aquello estuve 15 días inactivo. Pero la función más espectacular fue en la ciudad turística de Villa Gessel, en Argentina. También esta vez me ató un marinero y no podía salir. Tuve que cortar la cuerda con los dientes. Fue la única vez que recurrí a eso. Se me pelaron los labios, pero quedé libre.

Los marinos saben de nudos.

Por supuesto, son los mejores para lo que yo hago. Otra vez dos marineros me hicieron sudar cuatro horas y quince minutos. Ahí recibí el mayor aplauso de todos. Pero mi promedio está entre tres y siete minutos, más o menos.

Yo quiero saber cómo diablos lo haces, realmente.

La base de mi número es la circulación, o mejor dicho, el manejo de la circulación. Mando sangre a las partes de mi cuerpo donde la cuerda aprieta más y con eso logro no perder movilidad.

barjot en publico

Estoy pensando en la serpiente.

-Piensas bien, pues es un ejercicio de combinación entre serpiente y gato, entre el músculo y la coyuntura.

Aquél maestro de yoga regresa…

-Sin el yoga no podría hacer nada de esto. Con el hata yoga manejo el aspecto físico y con el prana yoga el circulatorio, es decir, la respiración.

El yoga, ¿y qué mas?

Mira, lo importante son los nudos, no las vueltas. Hay nudos que corren y otros fijos. Entonces, según que tipo de nudos así será mi trabajo. Cuando la persona del público me ata, yo voy viendo cada nudo y cada vuelta y ya entonces sé por dónde voy a comenzar y cuánto tiempo me llevará acabar. A veces, primero me suelto por un nudo del cuello, o por los pies, incluso hasta por un dedo. Según la forma de la atadura, así será mi respuesta.

Todos te querrán vencer…

Hay gente que me ata con saña, que me dice, casi en un susurro agresivo: “de aquí no sales mas” o cosas parecidas. Y a otros, en cambio, los tengo que incitar a que aprietan más. De todos modos, unos y otros, sin darse cuenta, colaboran en el espectáculo porque yo siempre me desato. Y en ese desafío el público participa y no se va, se queda esperando y termina aplaudiendo el éxito final. Realmente se crea una linda relación con la gente. Y como hace tantos años que hago esto ya conozco dos generaciones de atadores.

Atarte ¿es cosa de hombres?

No también me atan mujeres. En cierta oportunidad una dama me ató y tardé una hora quince en zafar. Aunque la mayoría son hombres y todos quieren vencerme. Algunos demoran más de media hora en apretar todos los nudos.

¿Tú sabes hacer nudos?

No. Conozco algunos porque me lo han dicho los que me atan. El “as de guía”, el “nudo de la horca” el “ballestrinke”, y algunos más. Pero yo no sé hacer nudos.

He comprobado que a tu espectáculo le pones la pimienta del humor.

Siempre aporto el humor a mi espectáculo.

Hazme reír.

Mientras me van atando cuento chistes, hago como que estoy asustado, en fin, todos la pasamos bien y nos divertimos.

Un chiste, para el lector.

Cuando estoy atado como un fiambre reflexiono y digo: “si ahora me tiro un pedo me ahorco”

Tal vez sea cierto.

Tal vez, aunque yo le señalo al público que “hago todo esto por diversión: cuanto más dinero ponen en la gorra más me divierto”.

¿Y ahora qué, Barjot?

Ahora quiero instalarme en Barcelona, buscaré un representante para actuar en salas y en fiestas donde mostraré también otros números que no muestro en la calle. Tengo algunos premios en el rubro de Varieté, y otros reconocimientos. Este espectáculo es único y aspiro a estar en el Guinness muy pronto.

Mientras cae la noche y los pájaros de la Rambla duermen entristecidos en sus eternas jaulas, Barjot va guardando sus aperos con la tranquilidad de la labor cumplida. Nos estamos despidiendo de este Houdini del siglo veintiuno cuando, en ese momento,  se acerca alguien que ha visto el último espectáculo y pregunta:

¿Me puede decir cómo lo hace, por favor?

Barjot lo mira sonriendo hasta casi con ternura.

¿Por qué me pide eso? ¿Quiere hacerme la competencia? –pregunta el artista.

No, faltaría más. Es que tengo que hacer la declaración de Hacienda y……

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