¿Antrax? si, gracias.

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Los que sabemos jugar con la vida -y generalmente perdemos- hoy estamos de parabienes. El mundo está asustado y los servicios de correos pagan los platos rotos. Una bacteria se ha metido en las sacas y anda “como Pedro por su casa”. Tenemos que aprovechar esta oportunidad, sacarle jugo a esta intromisión.


Veamos: llegamos a casa y observamos que en nuestro buzón hay un sobre que, a simple vista, ya sabemos que es otro ultimátum del banco por el atraso de un crédito del que casi ya no teníamos recuerdo. ¡Esta es nuestra oportunidad! Sin duda alguna, ese sobre está contaminado.

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Llamamos a la Guardia Civil para denunciar que dentro de ese frío y financiero sobre se esconde la bacteria de moda. Los artificieros químicos de la Benemérita saben hacer su trabajo y cuando, por fin, los vemos alejarse con sus astronáuticos trajes respiramos aliviados: hemos ganado un tiempo precioso. Tardarán días los análisis del laboratorio. No perdamos esta ocasión. Una tras otra, las cartas deben ser retiradas por las fuerzas del orden hacia el camino de la cuarentena.

Caerían así invitaciones a bodas de muchos plastas, sobres con regalos de semana gratis en las Seychelles siempre que vayamos a una simple reunión a un hotel cercano, sobres conteniendo folletos coloridos donde encontramos desde sacapelos de la nariz hasta espantapájaros para el jardín (muy útil esto último en los chalets del Raval). Y el súmmum: la exquisitez de tanto cuidado sería expurgar los sobres que contengan facturas de luz, gas, teléfono, agua… Ante el inminente y casi seguro contagio, esa correspondencia deberá ser examinada profundamente. (Algún lector podrá alegar que una carta de amor no contiene en sí misma peligro alguno. Sin embargo.. ¡cuántas cartas de amor terminaron en matrimonio!)

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En definitiva, lo mejor será clausurar nuestro buzón (ponerle una especie de preservativo antibacteria), tirar los guantes quirúrgicos que hemos comprado y saludar al cartero desde lejos. Y si el banco quiere cobrar, antes tendrá que asegurarnos contra el ántrax. O no pagamos.

Tampoco vamos a abrir el correo electrónico, porque si el otro nos ataca con la bacteria, éste nos ataca con los virus.
¡Por fin estamos solos!

La Vanguardia 23/10/2001

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