La perplejidad de la izquierda

 

PERPLEJIDAD DE LA IZQQUIERDA!Señoras y señores! !Ladies and gentlemen! Con ustedes, nuestra invitada 1e honor: !La Perplejidad de la Izquierda! (calurosos aplausos)! Silencio, por favor! La Perplejidad desea expresaros unas palabras. (gritos de: !Per-ple-ji-dad! Per-ple-ji-dad!) Bueno, yo, en fin… quisiera decir que… !¡Oh, estoy tan emocionada! (El rostro de la Perplejidad se torna carmesí sobre el carmesí del maquillaje, la multitud delira, es el caos; desde el escenario alguien invita a la gente a cantar. Equivocadamente, un despistado, rompe con un “!Arriba los… pero es ahogado por la multitud que comienza a entonar el Himno de la Alegría)

A la salida, esperan ansiosos para hacer su agosto, vendedores de pipas y de publicaciones naturistas.

En ese preciso momento el viejo militante se despertó sobresaltado, sudado. Miró el póster de Lenin -que esgrimía su brazo como un misil y, ya más sosegado, retornó al sueño. La noche lo abrigó como una hembra encinta.

Pues sí, mi querido lector, esta ola de perplejidad que nos invade forma parte de una nueva conspiración (no por masónica, menos judea). Entre los japoneses y sus chips, entre los videos clubs y la reconversión industrial, nos van a hacer una papilla de izquierda, tan siempre de vanguardia ella. Aquí se huele algo raro.

Del internacionalismo proletario, por ejemplo, pasamos a la xenofobia y al ultranacionalismo patriotero, de la plusvalía pasamos a los millones de parados que la única plusvalía que dan es la de su propio e involuntario ocio. Aquí no se trata ya sólo de “¿qué hacer?” sino más de bien de “¿qué pasa?” O más precisamente de “¿qué coños pasa “. Porque, si cada semana millones de currantes europeos terminan depositando sus esperanzas en las columnas de sus respectivas quinielas, o rezando para que sus equipos preferidos ganen la recopa, y aún no se ha levantado ninguna acción solidaria continental de apoyo a los mineros ingleses, por decir algo serio, esto no lo entiende nadie. Ni peregrinando doctrinariamente a la tumba londinense de Carlitos Marx.

Entonces, sumidos en una Perplejidad que no remite, las incontables izquierdas vagan confusas como gatos hambrientos en un cementerio. La derecha, en cambio, no tiene nunca síntomas de duda. Ella va y saca a su gente a la calle para defender la escuela privada, va y nos trae al Papa para que nos diga que de divorcio nada de nada (¿c6mo van las cosas con tu señora, pícaro lector?).  ¡Y ni se nos ocurra la utópica idea de esperar que la derecha tenga también su tiempo de Perplejidad para meterle contra natura la revolución o el cambio, o cualquier casita que huela a justicia social, porque esa jamás sucederá!. Echa un vistazo a Europa, sí, a esa del Mercado no sé qué Común. Fíjate, amado lector, ¿ves por algún una cabeza pensante que irradie un mensaje nuevo y superador? (Nota: Europa: continente cuna de la civilización moderna, paradigma de la justicia, la democracia y viva la libertad. Tachar lo que no corresponda).

Así estamos. Unos con la economía sumergida hasta el cuello, otros alimentando a la Mafia, otros pencando de gurús, y dale que dale. ¿Qué recoños pasa? ¿O tendrá algo que ver la subida de la Bolsa con el despido libre? ¿O lo de la Otan no será también parte de los festejos del quinto centenario del descubrimiento de América, (incluido el señor -perdón- Reagan)?

Lo que yo me colijo es que este affaire de la Perplejidad no se resuelve con una visita al ambulatorio de la Seguridad Social. A mí me parece que es preciso ver al especialista.

O de lo contrario, el viejo militante, sobrecargado de pesadillas, se nos va a morir del susto.

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